domingo, 1 de diciembre de 2013

Yasmina Khadra, Los ángeles mueren por nuestras heridas








Título: Los ángeles mueren por nuestras heridas

Autor: Yasmina Khadra

Editorial: Destino

Año edición: 2013

ISBN: 978-84-233-4708-7

Páginas: 384

Sinopsis‡

En la Argelia de entreguerras, el pueblo del joven Turambo desaparece sin dejar rastro tras un corrimiento de tierra. Su familia pierde todo lo que tenía, pero Turambo es un chico muy especial. No está dispuesto a dejarse llevar por la miseria y, mucho menos, a abandonar sus sueños. Un día alguien le dice que lo difícil no es forzosamente imposible, que lo único que hay que hacer para alcanzar la luna es ponerse en marcha, y así, Turambo emprende una apasionante aventura hacia lo que siempre ha deseado: una vida nueva en la ciudad «europea» de Orán. 

Al llegar allí, sin saber muy bien cómo, una pelea callejera lo inicia en el mundo del boxeo, con la promesa de convertirse en una estrella mundial. Y aunque Turambo consigue gloria y dinero, ningún trofeo hace estremecer su alma como la mirada de una mujer. De Nora a Louise, de Aída a Irene, busca el sentido a su vida en un mundo en el que la ambición y el poder son los reyes absolutos, y no queda espacio para el amor. Éste será el principio de una vida marcada por la culpa, en la que perderá muchas de las cosas que antes creía importantes, pero descubrirá el valor de la amistad y el perdón, además de vivir una gran historia de amor.



[Sinopsis extraída de la página de la editorial] 


Opinión

Los ángeles lloran por nuestras heridas comienza en una cárcel de la Argelia colonial de la primera mitad el siglo XX. Cual Aureliano Buendía frente al pelotón de fusilamiento, Turambo espera la hora de su muerte como pago por un crimen del que el lector no tiene conocimiento. En esos últimos momentos, que ya presagian la fatalidad que marcará la vida del protagonista, rememora su biografía desde que de niño un corrimiento de tierra hiciese desaparecer su aldea y, con ella, a su padre. Turambo es un niño feliz pero por no tener, ni su nombre es suyo, sino el de su aldea, lugar que Turambo tendrá que dejar para irse a vivir a Graba, un gueto de Sidi Bel-Abbes, un lugar en el que "lo único que le quedaba a la gente por compartir era su desdicha" y en el que "nadie pagaba por sus crímenes ni por sus pecados, nos limitábamos a ser pobres". 

"Tenía once años que me sabían a once cadenas perpetuas. 

Una maldición detenida en su nulidad, anónima como la tiniebla, 

girando en vano como un tornillo pasado de rosca. 

Si no veía en final del túnel era porque no existía; me limitaba a atravesar una noche 

que no cesaba de reinventarse"



Su carácter tranquilo y sociable le granjeará buenos amigos: Ramdane, Gomri o Sid Roho. Todos ellos buenos chicos víctimas de sus circunstancias. Pero la inocencia e ingenuidad del joven Turambo pronto se dará de bruces con una realidad sumamente dura y despiadada: niños convertidos en pequeños matones, homosexuales superados por la carga de tener que esconder su condición, prestamistas que cobran sus deudas con violaciones, ....



La realidad en la que vive Turambo es cruel y capaz de pervertir a cualquiera. Los jóvenes han de tener claro lo que quieren y, aún así, una sociedad que los aparta y discrimina hace que su sino la mayoría de veces esté escrito desde la cuna. Turambo no se resigna a ser un perdedor, a agachar la cabeza y conformarse con futuro que le espera. Estaba escrito, pero soy analfabeto, dice. Quiere ser el dueño de su propio destino. Sus amigos poco a poco van desapareciendo, cada uno abocados a un destino a cada cual peor, y él cada vez tiene más problemas para ganarse la vida dignamente tal y como quisiera. Por eso decide trasladarse a Orán en busca de una vida mejor. Ansía tener una casa con una puerta que se cierre con llave y tenga un número encima. Ese es su máximo anhelo para él y los suyos. En Orán conocerá el éxito dedicándose al boxeo pero también el precio que hay que pagar por querer vivir como un europeo en un país que no perdona el pecado de ser musulmán en un país colonizado por los católicos. Las clases sociales están claramente delimitadas. Los europeos, inmigrantes franceses, españoles o italianos, componen principalmente las clases altas, cuyo nivel de vida está muy por encima de los argelinos de origen, que son los parias de una sociedad que trata a los musulmanes como escoria.

Tres nombres de mujer dan título a las tres etapas en la vida de Turambo en las que se divide el libro. Nora, Aïda e Irène. Tres mujeres que ocuparon el corazón del protagonista, y que por unas razones o por otras le dejaron heridas más fuertes que las del boxeo. Porque en Los ángeles mueren por nuestras heridas también hay amor. Amores complicados, amores inconvenientes, amores incondicionales. Y también hay amistad. Pero todo cubierto por ese manto que todo lo corrompe y estropea. Turambo es un chico orgulloso y honrado, digno y perseverante, que consigue abrirse camino en una sociedad que sólo le pone zancadillas y con la que mantiene un pulso que difícilmente puede ganar. 



"Quien nace en el infierno no teme los volcanes"



El destino de Turambo es un poco el destino de todo su pueblo, el de un país luchador y orgulloso sometido a un poder externo. Yasmina Khadra, autor que firma con el nombre de su mujer, retrata con este libro la sociedad argelina de entreguerras vista desde muchos vértices, lo que nos permite tener una visión bastante extensa de toda una época y las circunstancias que la rodearon. Y se vale del boxeo, deporte que "igualaba" a todos encima de un ring, para mostrarnos lo duro que es sentirte extraño en tu propio país, el racismo de los colonos, la corrupción del dinero, la irracionalidad de algunas costumbres, el choque de religiones, la dureza de la guerra y sus devastadoras consecuencias. 



La prosa de Khadra me ha fascinado y ha convertido a Los ángeles mueren por nuestras heridas en uno de los mejores libros que he leído este año, si no el mejor. Frases que en unas pocas palabras evocan mil sentimientos, que retratan miradas que traspasan el papel poniéndote los vellos de punta, que permiten que oigas el griterío de los vendedores al pregón que abarrotan la plaza del pueblo o que sientas el sol abrasador caer sobre la tierra baldía. Eso sólo lo pueden hacer los grandes escritores y me tengo que rendir ante el buen hacer de Khadra, que ha resumido en un libro todo un período histórico de su país, que ha dado voz a los excluidos, a los que sufrieron tanto y aún hoy en día lo hacen. Un libro que nos hace reflexionar sobre las decisiones que tomamos en la vida, sobre la gente que dejamos en el camino, sobre la dificultad para salir del agujero negro de la pobreza y la marginación o sobre la crueldad de cualquier forma de sometimiento. 



El sueño es el tutor del pobre, y su crítico. Nos coge de la mano y nos lleva consigo para, luego, tras habernos entretenido con mil promesas, dejarnos en la estacada. Es un listillo y un psicólogo muy fino: nos atrapa por el sentimiento del mismo modo que se pilla a un mentiroso; una vez que le hemos abierto nuestro corazón y nuestra mente, nos deja allí plantados, den plena desbandada, con la cabeza llena de viento y un agujero en el pecho... hasta que solo nos quedan ojos para llorar.



Reseña realizada para Momentos de silencio compartido por Lu de Mi mundo con dos lunas

Gracias a Destino por facilitarme el ejemplar.



1 comentario:

  1. No me sonaba de nada, pero me has tentado, sí que sí...
    Besotes!!!

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