sábado, 7 de diciembre de 2013

José Morand, Devuélveme mi noche rota






Título: Devuélveme mi noche rota

Autor: José Morand

Editorial: Sinerrata

Género: Autoficción

Colección: Sintemporánea

Páginas: 203

Publicación: 2013

ISBN: 

Precio: 7,99 euros 



Sobre el autor (facilitado por la editorial):

José Morand nace en 1970, en Carcaixent, Valencia. Licenciado en Bellas Artes, ha ejercido diversos oficios mientras viajaba por todo el mundo, ha sido camarero, agricultor y guía turístico. Trabaja actualmente como profesor de instituto.




Primogénito de una familia de clase media valenciana, obligado a estudiar en un colegio religioso y adoctrinado por su padre para ser un hombre de provecho, la voz del protagonista pronto descubre al rebelde que lleva dentro. Ni doctorado en Yale o Harvard, ni novio de falleras mayores, ni encantador como su hermano, ni convencional como sus padres: estudiante de Bellas Artes, con período nihilista incluido, oposiciones aprobadas y profesor de secundaria en institutos públicos como castigo divino. Con una banda sonora propia, personalísima, a lo largo de varias décadas, esta voz, a veces dolorosamente sincera y certera, otras extravagantemente oscura, salta por la cronología de toda una vida tirando de recuerdos y reflexiones.


Con ciertas influencias de las novelas de Amelie Nothomb, José Morand se estrena en el género de la autoficción con esta Devuélveme mi noche rota. Un itinerario cronológicamente errático, vertebrado a partir de la música de su vida, el autor evoca recuerdos y reflexiones a partir de canciones y cantantes, de melodías y orquestas, de géneros y modas. Pero, inconformista hasta en la estructura de su novela, José Morand también se rebela cuando percibe la pauta de una canción por capítulo y dice que, en realidad, la música no es más que una excusa, que lo que a él de verdad le gusta es divagar. Y esa es la norma, lector, no te acomodes porque esta no es una lectura plácida, un viaje cómodo, sino un tour sideral preñado de turbulencias.


Divagaciones o no, la prosa de Morand seduce al lector desde el principio por su estructura concisa, casi de telegrama, siempre contundente. Sujeto, verbo y predicado, el protagonista escupe sus verdades y sus miedos a ritmo incansable. No importa lo mucho o poco que el lector empatice con el personaje (tendrá sus más y sus menos, eso seguro), o con su banda sonora, porque es la manera de narrar lo que va a arrastrarle de página en página, siempre curioso, siempre pendiente de las vacilaciones vitales, de la rabia, de los recuerdos desordenados y abruptos de este personaje singular y vulnerable.


Divertido (una inquietante nota de "te veo esta noche" en una pensión de mala muerte), suicida (la vida mata de su época santiaguista), conmovedoramente tierno y generoso (cuidando de su hijo), amargado (la enseñanza a su pesar), parte de una generación entera marcada por las inundaciones y los zombis de Thriller, José Morand todavía tiene aliento para carreras por las calles de Nueva York en busca del fantasma de Marcel Duchamp o descripciones tan hermosas como las de un paisaje de domingo con un violinista callejero. El autor modifica sus pinceladas precisas según el recuerdo y el momento, según la canción que suena, dolorosamente consciente de sus limitaciones para captar esos momentos.


"Yo no suelo encontrar personas, en el mundo real, que me influencien de manera determinante. No existen personas en el mundo real con discursos coherentes. Los seres humanos, en el mundo real, vamos habitualmente a la deriva. Somos arrastrados por las corrientes salvajes del mundo. Los grandes genios de la cultura sintetizan las ideas que les atenazan en momentos muy determinados de sus vidas. Las grandes obras están llenas de contenidos simbólicos que las enfrentan, que generan debates subterráneos."


Lector, si abres este libro te perderá la curiosidad del explorador, es todo un descubrimiento. Para disfrutar de la musical prosa de su autor y sus disquisiciones divagadoras.


Enhorabuena a Sinerrata por la calidad de esta edición (hace honor a su nombre) y gracias por el envío del ejemplar.

Mónica-serendipia

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