miércoles, 4 de diciembre de 2013

INMA CHACÓN, MIENTRAS PUEDA PENSARTE




Ficha técnica: 

Título: Mientras pueda pensarte 

Autora: Inma Chacón 

Editorial: Planeta

ISBN: 978-84-08-11989-0

Páginas: 352 

Precio: 20 euros 



Sinopsis (editorial): 

«No sé quién soy.» A los cuarenta años, Carlos, un publicista de éxito, descubre que quienes creía que eran sus padres no lo son. Él fue dado en adopción de forma ilegal con la complicidad de un médico, una monja y un taxista. Cuarenta años antes, en una casa cuna de Valladolid, María Dolores, una joven soltera, da a luz un bebé. A las pocas horas del alumbramiento, le comunican que el niño ha muerto de una extraña infección. Pero algo en su interior le dice que las cosas no son lo que parecen.



Mi opinión:

Inma Chacón nos habla del sentido del título en la cita previa al comienzo de la historia. Es un verso de Ángel Campos Pámpanos que dice así "Mientras pueda pensarte/no habrá olvido". En realidad, el libro acaba y empieza igual, porque esos dos versos son el broche final de los agradecimientos. Quizá por eso se quedan dentro del lector. Y quizá por eso causan la sensación que me han producido a mí: apela directamente a mi corazón, me pone en el lugar de las víctimas de este atroz engaño que ha sido el robo y compra de bebés y me ayuda a entender la llama de la esperanza que permitió sobrevivir a padres y madres mientras buscaban a sus hijos y a hijos que buscaban a sus progenitores biológicos durante el largo camino, repleto de baches burocráticos, pozos sin fondo, destrucción de pruebas y tramas y conspiraciones que lo único que pretenden es que esta tremendísima estafa global no salga a la luz.

"Mientras pueda pensarte no habrá olvido" o alguna frase similar debe de haber sido el mantra al que muchos afectados se hayan agarrado durante años como a un tablón en medio del mar para no ahogarse en las aguas oscuras y profundas de la extorsión, de la mentira, de la incertidumbre, de la incomprensión, de la certeza que inunda tu corazón en contra de toda lógica. Y eso es una de las cosas que más me ha gustado de este libro: que además de contarte una historia (interesante) es capaz de meterte en la piel de quienes han pasado por ello. Aunque solo sea durante unas horas, o durante unos días, o durante un segundo... pero por un momento de mi vida he sido capaz de sentir lo que deben de sentir ellos cada día. Es cierto que este es un tema que me toca la fibra de manera especial y que quizá la enorme empatía que he sentido por los personajes y por todos aquellos a quienes sirven de metáfora, de representación literaria de una realidad que nunca debió existir, se deba a mi propia predisposición a sentirme así. Pero yo creo que es fácil que cualquiera pueda compartir mis sensaciones, independientemente de su grado de implicación en el tema.



UN NOVELA HISTÓRICA QUE SE CONVIERTE EN THRILLER

Digo una historia interesante porque creo que la intriga está muy bien planificada en la novela. En la primera parte (no habla de las partes externas de la obra, sino de la percepción que causa al leerla), la intriga se construye a través de la presentación de los hechos y los personajes mediante una técnica narrativa que va atrapando al lector: Inma Chacón descoloca los hitos de la historia y los va presentando sin orden cronológico, viajando en el tiempo por la Historia de España, presentando los sucesos que llevarán a la situación actual. Esta estructura fragmentaria doblega al tiempo y lo hace saltar en pedazos, llevando al lector de un punto cronológico a otro sin aparente orden.

La autora retrotrae su historia hasta los coletazos finales de la República y el inicio de la Guerra Civil, con lo que una parte de la obra se convierte en una suerte de novela histórica que retrata cómo era la sociedad de la época. Este viaje tan lejano en el tiempo provoca dos sensaciones diferentes en el lector. Por un lado, hace que se plantee la cuestión de si en otro lugar, con otro régimen político y otras circunstancias sociales hubiera sido posible una trama tan horrenda como la que vamos descubriendo sobre el robo de bebés masivo y global en toda España. Y, por otro lado, esboza la reflexión sobre las consecuencias de todo acto, sobre la repercusión que todas las decisiones que tomamos y los hechos que nos suceden tienen en el futuro. En este sentido, Mientras pueda pensarte me ha recordado mucho a Cielos de barro, de su hermana Dulce, por ese análisis de unos hechos pasados y su repercusión en el presente. 

Finalmente, la recreación de hechos ficticios que pudieron perfectamente tener lugar en la España de los años 30 y las referencias históricas reales, tanto de aquella época como de esta (los atentados de Atocha, las elecciones del 14-M) crean de una forma muy natural un vínculo entre vidas e Historia y dejan en el lector la sensación de que formamos parte de la Historia, queramos o no, y de que la Historia forma parte de nosotros, por mucho que reneguemos de ella.

Esta novela hasta cierto punto histórica da un giro radical a medida que avanzamos en su lectura hasta convertirse en un thriller trepidante en su tramo final. La complicación de la trama, algunos giros inesperados y los cabos que se van atando convierten a Mientras pueda pensarte en una narración tremendamente ágil, casi un page-turner, en la que hay que estar muy atenta a todo lo que se dice porque es fácil perderse en la maraña que Chacón crea para el lector.



JUEGO DE TIEMPOS, JUEGO DE VOCES



Ese constante viaje en el tiempo que nos propone la autora se completa con un juego de voces narrativas muy interesante. El primer capítulo nos mete de lleno en la historia con la confesión, en primera persona, de un Carlos que, a sus cuarenta años, no sabe quién es. Él es uno de esos niños robados que siempre ha sospechado sobre su filiación biológica por el mero hecho de que es un pelirrojo entre morenos. 

Tras este primer episodio, escucharemos su voz en otros muchos momentos de la novela, aunque el grueso de la historia está narrada a través de una tercera persona omnisciente que va presentando a los personajes, descubriendo hechos y dosificando la intriga hasta su resolución final.

Pero a estas dos voces, Chacón une una tercera muy peculiar: la de María Dolores, la madre que en la novela busca a aquel hijo sobre cuya toquilla bordó las iniciales C.G., el Carlos del presente, en su lucha judicial por descubrir la verdad. Al comienzo de la obra, María Dolores habla con un juez que sí le responde, que le pide pruebas, que se agarra a la burocracia para frenar los apasionados argumentos de la mujer sobre ese hijo que le dijeron que había muerto pero que ella sabe vivo. A medida que avanza la obra, sin embargo, ese diálogo se quedará mudo de una parte: la angustia y la vida de María Dolores comenzarán a llenarlo todo, convirtiendo el diálogo en un monólogo dramático y lleno de sentimiento en el que la mujer irá contando cómo sucedieron los hechos y las averiguaciones que ha ido haciendo a lo largo de los años. Este silencio del juez me parece muy significativo porque creo que habla del silencio judicial, del poder de la burocracia, de esa oscuridad espesa y carente de humanidad que impera en los organismos y las instituciones y que siempre acaba poniéndose en contra de la víctima. Para mí, ese silencio es una crítica no solo a quienes han sabido lo que ocurría y no han dicho nada sino también a quienes ni se han molestado en poner en marcha las investigaciones que hubieran conducido a la verdad hace mucho tiempo.

Este vehemente monólogo de María Dolores ante la justicia también me ha recordado mucho a Cielos de barro. Mientras oía a la María Dolores de Inma no he podido evitar que mi cabeza se acordara del Antonio de Dulce, tanto por su manera sencilla de expresarse como por ese diálogo incompleto, en el caso de Antonio frente al inspector de policía que no aparece en la novela y en el de María Dolores frente a esa justicia que tampoco da una respuesta dentro del texto.

Y he encontrado otro punto de conexión entre Cielos de barro y Mientras pueda pensarte: el magnífico retrato de la España rural y de quienes no suelen poblar ni las páginas de la Historia ni las de las novelas. Si Dulce refleja el día a día de la zona extremeña, Inma nos habla de las costumbres castellanas relacionadas con la producción vinícola y revive para el lector ese mundo regido por las cosechas y los santos más que por el calendario y las horas. Y entre ambos entornos rurales, una conexión más: los odios y enfrentamientos sociales e ideológicos que dieron lugar a la Guerra Civil y que continuaron después. Mucho después. 



MUCHOS TEMAS SOBRE LOS QUE PENSAR


Inma Chacón plantea a lo largo de la novela muchos temas sobre los que pensar. Además de lo ya comentado sobre los niños robados y ¡comprados!, ojo, como si fueran de mercadillo, añade el terror que produce el poder corruptor del dinero o aquellos que creen tener un poder absoluto, bien por causas militares, o políticas, o ideológicas o religiosas. Cuanto más leo, menos comprendo qué tenía en la cabeza quienes urdieron estas redes o formaron parte de ellas. No concibo un corazón tan frío ni un bolsillo tan codicioso como para perpetrar semejantes engaños, como para robar identidades, como para destruir vidas enteras. La literatura ayuda a entender la vida pero sigo sin poder imaginarme el color tan negro de las entrañas de quienes cometieron tales abusos.

De igual modo, también queda patente en la novela la reflexión sobre los abusos de la guerra y el franquismo, el gusto por la dominación, vejación y humillación de los otros, la división que crean las ideologías extremas o el sinsentido de la rigidez de algunas instituciones.

Mucho más sutiles son otras reflexiones que también quisiera destacar, como el poder que otorgamos al destino o a nuestra propia fuerza para cambiarlo (Carlos habla mucho sobre el ser humano hecho a sí mismo y también hay un juego precioso sobre lo que nos determinan o no nuestros propios nombres) o la fuerza inmensa de las corazonadas, los pálpitos, las cosas que aprehendemos no con nuestra cabeza, sino con nuestro corazón y nuestras entrañas. Y, por supuesto, toda la reflexión sobre la maternidad y su vertiente más animal, más instintiva.

En definitiva, que Mientras pueda pensarte es una novela que me ha enamorado por su estilo, por su pulso narrativo, por la historia que cuenta y por lo mucho que me ha dejado de ella dentro, por todas las reflexiones que he hecho al hilo de lo que me ha ido sugiriendo y que ya forman parte de mí. Si es verdad que la literatura es aquello que te queda dentro cuando se cierra un libro, está claro que esta novela es alta literatura. Literatura de vida y de denuncia, de tramas y personas, de reflexiones y sugerencias, de argumentos y personas. 

Nos seguimos leyendo. 



Lidia Casado




2 comentarios:

  1. Este libro parece fantástico, me gusta este tipo de literatura. ¡Y qué reseña! Saludos

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  2. Hola, me encanta tu blog y siempre siempre veo tu canal de youtube!!! me encantan tus reseñas...nadie podria reseñarlas mejor que ustedes!!! me encantan los libros que van leyendo pero en mi pais no llegan hasta bien tarde y muy caros, soy de chile y aca lo libros tienen un impuesto altisimo!!! no se si saben como poder traer estos preciosos libros seria genial!! les dejo mis saludos y como les dije me encantan el blog y el canal!!! una abrazo. Saludos Orietta.

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