martes, 7 de mayo de 2013

NOEMÍ SABUGAL, AL ACECHO


FICHA TÉCNICA

Autor: Noemí Sabugal
Título: Al acecho
Editorial: Algaida
Encuadernación: Tapa dura
Páginas: 432
PVP: 20,00 €


NOEMÍ SABUGAL

Ni siquiera había oído hablar de esta joven autora (Santa Lucía de Gordón, León, 1979)

Esta es la reseña biográfica que la editorial nos ca de ella:
«Noemí Sabugal es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado para distintos medios de comunicación como el diario El Mundo, El Mundo-La crónica de León y Diario de León, el seminario Interviú y los Servicios Informativos de la cadena Ser.
En 2005 su labor fue reconocida con el Premio de Periodismo de Castilla y León Francisco de Cossío, modalidad prensa por el reportaje “De cruce de caminos a cruce de culturas”, sobre la inmigración en el barrio leonés del Crucero.
Su primera novela, El asesinato de Sócrates, fue finalista del IX Premio de Novela Fernando Quiñones. Con Al acecho, su segunda obra, ha conseguido la XXXI edición del Premio de Novela Felipe Trigo»  (Página 80)



ARGUMENTO

«¿Quién puede matar a una niña? La pregunta es tal vez inocente. Quizá todo el mundo puede. Matar a una niña, a dos, robar a un ciego, apedrear a un perro, aplastar un huevo de gorrión entre los dedos. Porque sí. Porque la crueldad nos llama, es un pálpito antiguo en la boca del estómago, un aguardiente que embota la cabeza.» (Página 96)

Madrid 1936. Una ciudad que parece sumergida en una pesadilla de muertes sin sentido, de atentados, de asesinatos, de venganza, con la morgue hasta arriba de cadáveres de uno y otro bando.

Casi parece no tener sentido un cadáver más, el de una niña de catorce años que ha aparecido estrangulada en un céntrico callejón. Un cadáver que llama la atención por el decoro con el que está depositado en el suelo. No va a ser el último cadáver de una niña en similares circunstancias que aparezca.

Julián Fierro, inspector del cuerpo de Investigación y Vigilancia se obsesionará con estos asesinatos, por más que parezcan una gota más, sin importancia, en el océano de violencia que parece intentar arrasar Madrid.



AL ACECHO

Voy a comenzar por el título que surge del libro El hombre acecha de Miguel Hernández y de unos versos de Canción primera que se citan antes de comenzar el libro:
«He regresado al tigre.
Aparta, o te destrozo
.
Hoy el amor es muerte
,
y el hombre acecha al hombre.»

Un poema que según la autora resume el libro. Y ciertamente lo hace, pues el libro es de una gran violencia soterrada, agazapada, amenazando con estallar en cualquier momento. No penséis que os vais a encontrar con un libro gore, salpicado de sangre. Nada más lejos de la realidad. La violencia que nos trae el libro es mucho más sutil y por eso más terrorífica. Es la violencia de ese tigre que presentimos aunque no vemos, amenazando con saltarnos encima en cuanto nos descuidemos. Es la violencia sin sentido del hombre contra el hombre. Más cruel aún, del hombre contra la inocencia, perdida o no aún de un niño.

Como ocurre con muchas buenas novelas, no es fácil encuadrar en un solo género a esta novela, pues en la práctica mezcla con mucha habilidad dos géneros: Novela histórica y novela negra.
Novela histórica porque es el retrato de una época, del ambiente de una ciudad: Madrid. Un Madrid que se convulsiona tras el triunfo del Frente Popular. Una acción que arranca en Marzo de 1936 entre asesinatos y atentados, entre el nerviosismo de una ciudad que espera que pase algo, al mismo tiempo que espera que nada pase por fin.
Es la vida de una ciudad que podemos seguir a través de las notas del periódico el Sol. Una ciudad en que podremos saber qué películas veían sus habitantes en los cines, que tiempo hacía, cómo vivían.

Un Madrid que aparece retratado en blanco y negro. Aunque tal vez más negro que blanco:
«Fuera se agazapaba Madrid, un gran gato negro de fiesta, a pesar de sus miserias, de la tuberculosis y la sífilis
. Un Madrid de lugares secretos, de habitaciones por horas, de restaurantes con el vino picado.» (Página 135)

Madrid, una ciudad en que la violencia va ganando terreno poco a poco, de un modo imparable
«Sí, a las chicas les gustaban las armas, y a ellos les gustaban las armas y las chicas
. Últimamente toda España soñaba con un arma bajo la almohada.» (Página 148)

Porque la violencia se ha convertido en algo cotidiano:
«La naturaleza seguía a lo suyo mientras media España se inundaba por lluvias torrenciales y la otra media ardía de sequía y odio
, y los niños perdían las manos jugando con las bombas encontradas en el monte y se apaleaba a rojos, azules y descoloridos y a un señor que pasaba por allí y a una mujer que se quedo mirando.» (Página 80)

Al frente de toda la investigación va a estar el inspector Julián Fierro, para el que estos asesinatos son un auténtico desafío, una obsesión que no tiene muy claro a qué obedece.
«A lo mejor aquella obsesión en los asesinatos de las niñas era una excusa para no ver el resto, para no implicarse en aquella locura que vivía el país.»
(Página 159)

Porque mientras todo Madrid se debate en discusiones, peleas, opiniones, enfrentamientos, Fierro intenta mantenerse como una isla en medio del océano que amenaza con engullir Madrid. Sin opinar, sin tomar partido. Sin creer en proclamas heroicas. Bastante tiene con que su padre muriera por ser un héroe. Sin un dios en el que creer. Con un hecho del pasado que le atormenta e impide conciliar el sueño muchas noches.
Julián Fierro, un personaje al que he terminado tomando cariño, a pesar de que es la antítesis de un héroe. Y no sólo no es un héroe, sino que en muchos momentos es un perfecto canalla, un egoísta al que poco o nada le importan los demás. Quizás por eso llama la atención, porque es un personaje real, complejo, con su culpa a cuestas, capaz de lo bueno y lo peor. Violento pero al mismo tiempo capaz de protegen a quien lo necesita.


No esperéis que la autora tome partido, porque no lo hará. Ni que haga un análisis profundo de la situación que provocó la guerra civil ni de sus consecuencias. No lo hace, se limita a mostrarnos el día a día de una población que no terminaba de creerse lo que estaba pasando. Un pueblo madrileño que bastante tiene con sobrevivir, con buscar culpables a lo que está pasando.



IMPRESIÓN PERSONAL

Teniendo en cuenta que me gusta la buena novela negra y la buena novela histórica, no es difícil deducir que he disfrutado y mucho con esta novela. He disfrutado paseando con Fierro (menudas caminatas se da este hombre) por el centro de Madrid. He disfrutado con esa ambientación de pesadilla que la autora ha sabido crear, con un lenguaje que en muchos momentos hace que la realidad parezca un sueño, un mal sueño, que es lo mismo que debían sentir muchos madrileños.
Quiero destacar también que me ha gustado la prosa de Noemí Sabugal. Porque es una prosa que en muchos momentos parece salir de la pluma de un poeta. Las descripciones son diferentes, llenas de colorido, evocando imágenes, evocando sueños. Como este texto en que recrea la llegada de la noche en una ciudad agobiada por el calor y el miedo a los bombardeos:
«Hay un punto donde el cielo parece sin rematar, como la costura de una herida. Por ese punto se escapa la hemorragia del cielo
. Hacia ese punto se elevan las miradas agotadas de la ciudad, los ojos que temen otra noche sin dormir.» (Página 409)

Al acecho
, una novela que deja huella, que por ello permanecerá tiempo en mi memoria.

Al acecho
, imprescindible para los amantes de la novela histórica y la novela negra.



Gracias a editorial Algaida, que me ha facilitado esta novela para su lectura y reseña.



VALORACIÓN: 9
/10

Reseña realizada por Pedro de El Búho entre libros (http://elbuhoentrelibros.blogspot.com.es/)  para Momentos de Silencio compartido

1 comentario:

  1. Es una reseña muy bonita. Había escuchado el título del libro y creo que me has convencido. Habrá que apuntárselo (para cuando hagamos un hueco en las lecturas pendientes).

    Un saludo.

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