miércoles, 29 de mayo de 2013

LORENZO SILVA, EL LEJANO PAÍS DE LOS ESTANQUES





Ficha técnica:
Título: El lejano país de los estanques

Autor: Lorenzo Silva

Editorial: Destino

Género: novela, novela negra

Páginas: 243

Publicación: 1998

ISBN: 84-233-2991-7



Sinopsis (editorial):


En mitad de un tórrido agosto mesetario, el sargento Bevilacqua, que pese a la sonoridad exótica de su nombre lo es de la Guardia Civil, recibe la orden de investigar la muerte de una extranjera cuyo cadáver ha aparecido en una urbanización mallorquina. Su compañera será la inexperta agente Chamorro, y con ella deberá sumergirse de incógnito en un ambiente de clubes nocturnos, playas nudistas, trapicheos dudosos y promiscuidades diversas. Poco a poco, el sargento y su ayudante desvelarán los misterios que rodean el asesinato de la irresistible y remota Eva, descubriendo el oscuro mundo que se oculta bajo la dulce desidia del paisaje estival.

A partir de una sabia mezcla de ingredientes policíacos, relaciones humanas y pinceladas de humor bien dosificadas, Lorenzo Silva construye una novela refrescante y llena de hallazgos.



Mi opinión:

Una de las claves más importantes para el éxito de una saga de novela policíaca es (o así al menos lo creo yo) un protagonista con carisma y gancho suficiente para que el lector le sea fiel, por encima del mayor o menor grado de interés que pueda despertar en él el caso investigado. Bien sea porque la trama novelesca que afecta a su vida personal nos tenga enganchados o porque haga gala de una personalidad arrolladora que te seduzca, te apriete las tuercas, te haga ver las cosas de diferente manera, te haga reír o te golpee con la brutalidad de su escepticismo y su ironía, lo cierto es que el protagonista sustenta una parte muy importante (por no decir la más importante) del peso de la saga.

El sargento Rubén Bevilacqua cumple esta premisa a la perfección. Su personalidad está tan bien definida, su mirada sobre las cosas, las personas y los sucesos es tan escéptica e irónica al mismo tiempo, su voz es tan personal, sus conflictos internos tan cercanos, sus pensamientos tan coherentes y sus actos tienen una mezcla tan acertada de improvisación y cálculo que es imposible no caer cautivada a sus pies.

Lorenzo Silva nos presenta a este particularísimo sargento de la Guardia Civil con medida exacta, desvelando algunos de los detalles de su pasado y de su forma de ser, dejando que se descubra por sí mismo en muchos de sus gestos, sus pensamientos y sus actos e, incluso, que se retrate a sí mismo en su conversación final con Regina Bolzano ("Ahora lo cojo. Es usted un sarcástico", le dice ella. "No lo crea. Es un truco para disimular la timidez. También sirve para disimular la ignorancia y la mala conciencia, llegado el caso", responde él). Pero también guarda muchos datos para próximas entregas, esconde ases en la manga para no quemar todos los cartuchos en la primera y dejar que vayamos profundizando en el personaje a medida que pasemos más tiempo con él. Como la vida misma. No sé si al escribir este primer libro tenía en mente una saga entera, pero la dosificación de información sobre el personaje (tras leer el primer libro y empezar el segundo) me parece más que acertada.

Junto a Bevilacqua, Virginia Chamorro, una jovencísima agente que no acaba de encontrar su hueco en el mundo que, pese a las reticencias iniciales, acabará ganándose el respecto profesional y también el cariño personal del sargento. La típica pareja de guardias civiles se transforma aquí en una pareja que se complementa en género pero también forma de actuar y de entender el caso y la psicología del criminal. Una pareja en la que ambos aportan algo, en la que los dos tienen que cosas que ofrecer y enseñar y de la que ambos sacan provecho. Además de la tensión sexual no resuelta que los comentarios de Bevilacqua dejan entrever en no pocas ocasiones, comentarios suscitados por un caso que les hará convivir como si de una pareja sentimental en viaje de vacaciones se tratase.

Silva presenta un caso complejo, con varias líneas de investigación posibles que los agentes tratan de explotar hasta llegar a la verdad. Un caso analizado a posteriori en la narración en primera persona de Bevilacqua (llega incluso a hacer comentarios del tipo "aquí es donde metí la pata" o "por no volver luego a este personaje, adelantaré aquí que...").

Aunque hay comentarios, reflexiones y diálogos sobre cuestiones ajenas al caso (como el debate sobre el papel de la mujer en los cuerpos de seguridad, con declaraciones claramente machistas por parte de algunos personajes y asociado al componente sexual; o sobre el ejercicio de una profesión como la suya), son las investigaciones, los errores, las tretas y las sorpresas las que van conduciendo la acción y van soportando el peso de la trama. Unas investigaciones en las que, no obstante, juega un papel importante el puro azar, la casualidad, tal y como ocurrió en el propio suceso que da pie a la apertura del caso. Eso no evita, sin embargo, que Bevilacqua nos regale retazos de su personal filosofía de vida, las más de las veces cargados de sarcasmo pero, en otras ocasiones, con una pizca de nostalgia y poesía de lo más interesante (como cuando asegura: "Me dije que siempre que concluye un verano se nos muere un pedazo del niño que uno ha sido. Un verano cualquiera no quedan pedazos y es uno mismo el que se muere").

En definitiva, una novela interesante, bien narrada y bien estructurada que cuenta, además, con el gran aliciente de tener como protagonistas a una pareja tan atractiva como Chamorro y Bevilacqua.

Nos seguimos leyendo.


Lidia Casado

Juntando más letras




1 comentario:

  1. Ya tenía este libro entre mis pendientes, que tengo ganas de estrenamre con el autor. Así que poco tenías que decir para tentarme. Me gustaría hacerle hueco en el mes de junio. A ver si lo logro.
    Besotes!!!

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