miércoles, 22 de mayo de 2013

ENCUENTRO LITERARIO CON ANNABEL PITCHER


Encuentro con Annabel Pitcher: “En 'Nubes de kétchup' quería explorar el sentimiento de verse atrapado en la culpa hasta el momento en el que te perdonas a ti mismo” 




Había oído hablar (y muy bien, por cierto) de Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea pero ni lo había leído ni conocía a la autora. Cuando Alevosía anunció que la autora vendría a España a presentar su nuevo libro, Nubes de kétchup, y a conceder entrevistas y mantener encuentros con blogueros y lectores, pensé que podría ser un buen momento para estrenarme con ella. Así que solicité la segunda novela a la editorial y concerté cita para asistir al encuentro de blogueros. Me gustó mucho Nubes de kétchup, lo leí antes de lo previsto y pensé "aprovechando que voy a ver a la autora, voy a leer también el de la chimenea, a ver qué tal" y ahí fue cuando me quedé enamorada de Annabel Pitcher y de su manera de contar, sencilla y profunda a la vez, inocente y punzante; esa manera de tratar asuntos terriblemente duros de la manera más honesta, directa y humana posible, esa que solo permiten transmitir las voces de los niños y los adolescentes. 



El encuentro tuvo lugar el 8 de mayo en la Casa del Lector (por cierto: ¡vaya sitio! No lo conocía y me quedé absolutamente maravillada. Con la Casa del Lector y con el Matadero, en general) y dio comienzo con una breve intervención de la autora en la que explicó el proceso creativo de su segunda novela. Después, comenzaron las preguntas, aunque voy a unir las respuestas por temas tratados y no cronológicamente para dar unidad a esta crónica. Pitcher contó que escribir su primera novela fue fácil, “la idea me vino inmediatamente, vino una película sobre el 11S”, y explicó que también fue más sencilla porque en esa primera obra un autor vuelca todo lo que ha sido hasta ese momento: “tu primer libro es la culminación de tus 27 años de vida. Plasmas en él todas tus ideas sobre el mundo, tu visión de la vida... todas tus mejores ideas. Pero el segundo, es más difícil. Cuando la editorial me habló de una segunda novela, lo único que me exigió es que no fuera fantástica, sino que abordara temas reales. Y yo solo tenía una idea clara en la cabeza: quería escribir sobre el amor y sobre el sentimiento de culpa. Es lo único que supe durante cuatro meses. Le di muchas vueltas a cómo hablar sobre esos dos temas, el argumento vino mucho después. Y aún así, una vez armado, no estaba muy conforme. Al principio no era una novela epistolar y yo sentía que le faltaba algo. Reflexionando sobre el argumento y el sentimiento de culpa, llegué a la conclusión de que tenía que ser una novela confesional y pensé que las cartas podrían ser una buena manera de canalizar esa confesión. Entonces surgió otro problema: ¿a quién enviaría las cartas? En un primer momento pensé que tendría que mandarlas a una persona religiosa, como por ejemplo, al Papa, pero luego me di cuenta de que si Zoe tenía un secreto tan horrible, si ella se sentía tan malvada, no podía contarle sus problemas a alguien bueno. Y así surgió la figura de Stuart”, ese preso del corredor de la muerte al que la joven convierte en destinatario de sus cuitas, en hombro sobre el que llorar, en compañero hermanado con ella en la dura tarea de soportar la carga de un crimen sobre sus espaldas. Además, Pitcher creó una metáfora para hablar del encarcelamiento interior pero también exterior de ambos personajes: “Zoe se siente prisionera, está atrapada por su secreto y Stuart está encarcelado en su celda. Por eso inventé la simbología del cobertizo en el que la joven se encierra para escribir: sería como su celda, aunque no estuviera en prisión”.

Culpa y amor son los ejes que soportan el peso de la trama. Una culpa que, para mí, es la gran protagonista de la novela, a pesar de que no se trate de una culpa real sino más bien de una culpa psicológica, de una obsesión por una culpa que, en realidad, no es ni de la madre ni de Zoe (los dos personajes que cargan con el peso de la culpa y del secreto que conlleva). “Claro”, contestó Pitcher. “Cuando hablo con niños pequeños y les pregunto cuál es el peor sentimiento ellos me responde que la ira o el miedo. Pero para mí, el peor sentimiento es la culpa. Así que quise explorar ese sentimiento, esa sensación de verse atrapada por la culpa en una situación en la que no puedes dar marcha atrás. Quería explorar ese sentimiento hasta el momento en el que uno llega al perdón. Porque esta novela también habla de eso: del camino hacia el perdón de uno mismo”.

Le comenté una de mis impresiones sobre ambas novelas: hay una conexión entre ellas, en las dos hay una ausencia que se convierte en omnipresente. En el caso de Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea, es la muerte de Rose, y en Nubes de kétchup, podrían ser dos: la sordera (falta del sentido del oído) de Dot y el hermano fallecido, cuya ausencia se convierte en origen de la propia historia y en obsesión para Zoe. Annabel me respondió que nunca lo había mirado desde ese punto de vista, que ella lo que quería era hablar sobre el tiempo, sobre el tiempo que se detiene “sobre cómo las personas, a veces, se quedan atascadas. Siempre he tenido miedo a cometer errores que pudiera significar el fin de la vida y por eso analizo ese miedo en mis novelas. En las dos ocurre lo mismo: los personajes están vivos... pero están muertos. No viven. Se han quedado atascados en algo que ocurrió”. 



El amor, por su parte, se manifiesta en varias de las relaciones descritas en la novela. Por un lado, ese amor familiar que sustenta a Zoe, sus dos hermanas y sus padres, aunque es un amor un tanto resquebrajado por algo que ocurrió en el pasado (origen del terrible sentimiento de culpa de la madre) y que se ha guardado en secreto, pudriendo las raíces familiares, pervirtiendo sus vínculos y convirtiendo la convivencia en una sucesión de gritos o de soledad (la preocupación de la madre por Dot hace que se olvide de sus otras dos hijas, que cargan con sus propios problemas a solas o apoyadas la una en la otra). Por cierto que el personaje de Dot fue protagonista del encuentro. Pitcher contó que le encantó crearlo y que le gustó mucho el contrapunto que crea: “es la alegría, la inocencia, dentro de tanto drama. Da momentos que aligeran el peso de la novela, que dan luz a la vida de esa familia disfuncional. Sin duda, es mi personaje favorito”. Dani, uno de los blogueros presentes en el encuentro, también creía lo mismo así que le preguntó por la posibilidad de que escribiera otro libro centrado en el personaje de Dot. Annabel la rechazó, al menos en principio: “me gusta dar por acabado un libro cuando lo termino. Está cerrado. Pero si en un futuro no se me ocurren más historias, no descarto volver a Dot”, apuntó.

El amor familiar también se muestra en la novela en la figura del padre de Zoe que retoma su relación con su padre, enfermo, y en esa añoranza por lo que el anciano fue en su juventud, esa sensación de la vida que se nos escapa entre los dedos, ese echar de menos lo que fue y echar de menos a alguien antes de que se haya ido.

Pero, sin duda, la gran historia de amor de la novela es la que cimenta la relación triangular entre Zoe y los dos hermanos, Max y Aaron. “Disfruté muchísimo creando toda esa historia de amor, ese triángulo amoroso, esa historia de amor prohibido. Es la parte más luminosa de la novela, aunque también tiene su punto triste. Como lectora, siempre me han gustado las historias de amor, así que me he divertido mucho creando esa parte del libro”, señaló Pitcher.

Pude felicitar a la autora por la manera en la que había creado esta historia. Hace muchos años que dejé atrás mi adolescencia, pero gracias a cómo describía la manera en la que Zoe sentía el amor, la emoción de ese primer amor, esos encuentros, ese primer beso... sentí que volvía a tener quince años y recordé cómo me sentía yo con mis enamoramientos (tan fulminantes como pasajeros) cuando tenía esa edad. “Lo bueno de esta novela es que me ha hecho pensar mucho en mi adolescencia”, respondió Pitcher. “No escribo sobre cosas que me pasan pero sí sobre los sentimientos que siento, como la pérdida, en el caso de 'Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea', o de culpa, en esta novela”.

Los blogueros que tuvimos la suerte de participar en este encuentro coincidimos en que esa es una de las grandes bazas de Pitcher: su capacidad para meterse en la mente de un niño o de una adolescente y hablar y sentir y vivir como ellos lo harían. Dani le preguntó que cuál de las dos voces le había costado más o con cuál se sentía más conforme. Annabel explicó que, dado que el argumento de la primera novela había sido más espontáneo, “en un primer momento me resultó más fácil meterme en la mente de Jamie, su protagonista. Zoe tardó más tiempo en aparecer en mi cabeza, tardé más en hacerme con ella. Sin embargo, ahora me siento más orgullosa de ella que de Jamie”. Incidiendo en estas voces infantiles y juveniles, otra de las asistentes preguntó a la autora por su adscripción al género crossover (los libros dirigidos indistintamente a un público joven o adulto) y si escribiría alguna novela destinada a adultos exclusivamente. Pitcher respondió que “cuando escribo siempre intento escribir el mejor libro. Mi intención no era hacer crossover, pero dicen que es lo que hago. Yo no me dirijo a un público juvenil o un público adulto, simplemente elijo la voz que creo que se adapta mejor a lo que quiero contar y cómo lo quiero contar. En este sentido, creo que siempre voy a escribir sobre niños o adolescentes porque los adultos me parecen mucho menos interesantes”. 



Creo que las voces de un niño o de una adolescente son las que dan un punto de frescura, de inocencia, una mirada diferente, no contaminada, pura y sincera, a los temas durísimos que, en realidad, subyacen en las dos novelas: terrorismo, fanatismo, religión, muerte, alcoholismo, soledad... en el caso de la primera y castigo, culpa, pena de muerte, discapacidad... en la segunda. Pitcher respondió que “una de las cosas buenas de escribir desde el punto de vista de jóvenes y niños es que se pueden tratar temas pesados de forma ligera”.

Sobre esta mezcla de temas graves y tratamiento suave, otro de los presentes preguntó a la autora sobre la unión de drama y humor que presenta en sus novelas. “Me gusta mucho la comedia, sobre todo la inglesa. Siempre me han gustado libros como 'El diario de Bridget Jones' o los diarios de Adrian Mole. Es lo que he leído, y me encanta, así que era natural que cuando yo me puse a escribir, incorporara el humor. Y me gusta el resultado, creo que el drama queda contrabalanceado por los momentos de humor o más ligeros. La obra queda más equilibrada así”, explicó.

Además del amor y la culpa, Nubes de kétchup se sustenta en la intriga, en la curiosidad del lector por averiguar qué pasó. Desde el principio sabemos que ha muerto un chico, pero no sabemos quién ni en qué circunstancias. “Quería mantener la intriga, para mantener la atención del lector. Fue difícil construir la historia intentando ir desvelando la información de forma dosificada... pero era lo que quería. Espero haberlo conseguido”, explicó al respecto.

La autora habló en varios momentos de lo mucho que le había costado escribir esta segunda novela, a diferencia de lo que ocurrió con la primera. Otro los asistentes le preguntó si Nubes de kétchup también había surgido como resultado de sus viajes, a lo que Pitcher respondió que no. “El primer libro está inspirado en mis viajes y en las notas que tomé, pero no en cosas que me ocurrieron en ellos, sino en los sentimientos que experimenté: la libertad, la emoción de descubrir cosas nuevas... Escribirlo fue mucho más sencillo. Con esta segunda novela he aprendido a escribir de verdad. El contexto era totalmente diferente, porque esta la he escrito en casa, sola, mientras mi marido se iba a trabajar. Tenía muchas horas para mí misma y para escribir y me he tenido que enfrentar al pánico al folio en blanco y a la falta de inspiración. Ahora sé lo que es y cómo hacerle frente. He tenido que vencer al bloqueo, a la presión de la editorial y sus plazos...”. Tras explicar esta pequeña odisea, una de las blogueras le preguntó sobre estas presiones de la editorial, a lo que la autora contestó con “son los plazos habituales en las editoriales. Pero a veces te dicen 'ten preparadas tantas páginas en tantas semanas' y si no lo haces, te sientes como si estuvieras ante la profesora sin tener los deberes hechos”. En cualquier caso, aseguró ser muy afortunada “por tener una editora que me da mucha libertad y mucho apoyo” y que, en el caso de Nubes de kétchup, tuvo la idea de introducir los dibujitos que aparecen en algunas de las páginas. “Fue una idea suya y yo no los he hecho, pero me parece que cuadran muy bien con la forma de comunicarse y de ser de una adolescente”. Al hilo del bloqueo y de la rutina de Annabel Pitcher como escritora, Dani le preguntó que si escuchaba música mientras escribía, a lo que respondió que no: “para escribir necesito silencio. Me engaño a mí misma a veces y dedico una hora a hacer una lista de canciones que me gusta y que creo que me van a ayudar, pero luego, cuando la pongo, la tengo que quitar enseguida porque no me centro. Es una pérdida de tiempo, porque yo me concentro en silencio”. 



Como no podía ser de otra manera, salí encantadísima de este encuentro y con ganas de que llegue el verano, época en la que la autora terminará su tercera novela (a ver si no tarda mucho en ser publicada y en llega a España). Cada vez me siento más afortunada por poder charlar un ratillo con los autores sobre sus obras, sus métodos creativos, los personajes, las sensaciones que te transmiten sus historias... No, si al final tendré que dar las gracias por estar en el paro.

Nos seguimos leyendo.



Lidia Casado

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