jueves, 16 de mayo de 2013

ENCUENTRO CON ALMUDENA GRANDES



“Un libro es como una isla desierta y los lectores son los habitantes que la colonizan”
  
  Hace 25 años, Eva Ortiz, la directora de la biblioteca de Azuqueca pensó que tenía que hacer algo para acercar a la gente a los libros. Creyó que si le hablaba a la gente de juntarse para leer, su propuesta no iba a tener mucho éxito, sobre todo teniendo en cuenta que por aquel entonces Azuqueca aún no había experimentado el boom poblacional que la llevaría a alcanzar los 35.000 habitantes que el padrón le atribuye actualmente (no he encontrado el dato de 1988, pero en el 92, Azuqueca tenía algo más de 12.000 habitantes). Así que pensó que lo mejor sería organizar un curso para hacer labores y que de ahí saliera lo que los participantes quisieran. Al principio, las mujeres (que sentían que esa tarde a la semana era una liberación, un tiempo para ellas mismas) sí hacían punto mientras hablaban de sus cosas pero los libros empezaron a cobrar protagonismo hasta que un día, casi sin darse cuenta, nadie tocó el punto durante toda la reunión. Así nació el primer Club de Lectura, al que luego se unirían más y que se convertiría en una celebración cultural variada: no solo se leía y se comentaban las lecturas, también organizaban recitales de poesía, guiñoles, cuentacuentos, representaciones teatrales, excursiones culturales… y encuentros con los autores, una cita muy enriquecedora que tanto escritores como lectores agradecen.
   Para celebrar el vigesimoquinto aniversario de los clubes de lectura, la Biblioteca organizó un amplio programa de actividades que tendría su punto culminante el 23 de abril, con la reunión de los integrantes de todos los clubes y de clubes de otras poblaciones de Castilla-La Mancha, diversas actividades y, como broche final un encuentro con la escritora más querida de Azuqueca: Almudena Grandes. Tan querida es que la biblioteca lleva su nombre y, tal y como anunció el alcalde al final de dicho encuentro, una calle del municipio también hará lo mismo. 
   Almudena viene con tanta frecuencia a Azuqueca, que todos sus libros ya han sido destripados, analizados y desarmados por el derecho y por el revés. Por eso, y aunque se habló de muchos otros, el gran protagonista del encuentro fue su última novela: El lector de Julio Verne. Una historia que, como explicó la autora, nace de una visión. “Mis novelas siempre nacen de una imagen y el niño formaba parte de esa imagen inicial de la novela. Una imagen que prometía una historia”. Así, explicó que el origen del argumento está basado en la historia personal y familiar de un amigo suyo, Cristino, hijo de guardia civil, criado en un pequeño pueblo de Jaén. Almudena contó cómo su amigo le había dicho en alguna ocasión lo impresionado que se sentía de pequeño cuando oía cosas que no tenía que oír, como los gritos de los detenidos en las noches de redada. Esas noches, intentaba que los niños más pequeños del cuartel no escucharan sus voces e inventaba canciones, cuentos, teatrillos… cualquier cosa que captara su atención y la alejara de las celdas. 
   Entre esas cosas que no debería haber oído estaban algunas de las conversaciones de sus padres, muy preocupados porque el niño no crecía. Si no estiraba, no daría la talla para ser guardia civil y eso era un problema. En un intento por arreglarle la vida, pensaron que sería bueno que aprendiese a escribir a máquina, así podría trabajar en la Diputación o en el Ayuntamiento y recibir el tratamiento de don. Así, mientras sus amigos jugaban al fútbol, él aprendía a escribir a máquina. Lo que ocurría es que era tan bajito que le tenían que poner un tomo de la Espasa y un cajón debajo del trasero para que llegara a la mesa. Con tanta elevación, claro, los pies se le quedaban colgando. Y esa imagen, precisamente, esos pies colgantes del niño que aprendía a escribir a máquina fue la que dio origen a El lector de Julio de Verne
   Almudena reconoció que no hubiera podido escribir la misma historia, una trama contextualizada en uno de los momentos más duros de la Historia de España, si el protagonista no hubiera sido un niño. “Los niños son los únicos testigos veraces de la realidad. Los adultos tenemos herramientas para transformarla, pero los niños aún no las han adquirido”, explicaba, al tiempo que confesaba que el niño salvó la novela de la truculencia: “es una novela muy sangrienta. Si el protagonista no hubiera sido un niño, no podría haberla escrito porque yo odio la truculencia, pero vista a través de sus ojos, la realidad no parecía tan truculenta”.
   Animada por las preguntas del auditorio, la escritora fue hablando de los diferentes personajes de la novela, como esa maestra que guarda el mayor tesoro imaginable: 300 libros metidos en cajas de fruta. O Pepe el Portugués, “uno de mis personajes mimados. Saldrá en todas las obras”, adelantó la autora. Ambos ofrecen al protagonista modelos y actitudes diferentes de los que ve en casa. “La novela es un gran homenaje a la literatura y a la novela de aventuras pero también a la educación, a ese hilo mágico que se establece entre quien tiene conocimiento y quien no lo tiene”, señaló Grandes. 
   Unos personajes de los que habló con la ternura y la compasión de una madre. “No es que sea madre de mis personajes, es que son yo. ¿Cómo no les voy a querer? Cuando me invento un personaje solo le puedo dar cosas mías. Solo sé qué es el amor o la amargura para mí. No sé cómo son para ti. Así que es lo único que les puedo dar. Y les quiero, claro que les quiero. Y sufro mucho cuando sé que les va a pasar algo malo. ‘Hijo mío, lo que te voy a hacer…’, le digo”, apuntó. Del mismo modo, explicó (al hilo de una pregunta sobre Julio Carrión, uno de los personajes de El corazón helado) que “a mí lo que me interesa es la ambigüedad. Los malos malísimos no dan miedo, porque son una caricatura, no te los encuentras así en la vida real, se ven venir. Pero la ambigüedad moral está en todos: todos los malos tienen un lado luminoso y todos los buenos tienen un lado oscuro. Y en eso es en lo que me interesa profundizar. De hecho, mientras escribía 'El corazón helado', hasta me daba rabia a mí misma que Julio Carrión me cayera tan bien”
   Almudena analizó su propia obra explicando que ha hecho el recorrido al revés: “los epílogos de mis últimos novelas acaban donde empiezan mis primeras novelas. 'Los aires difíciles' sería la novela bisagra, la que marca un cambio de rumbo”
   Una lectora puso el dedo en la llaga al señalar que los hombres de su entorno no leían a Almudena porque consideraban que eran novelas para mujeres. La autora reconoció que esa había sido su gran cruz durante buena parte de su carrera pero que El corazón helado sirvió para que muchos hombres se acercaran a su narrativa y la descubrieran (como la gran escritora que es, añado yo), géneros al margen. 
   Del mismo modo, también habló de su experiencia con el cine, de las películas basadas en sus libros que se han realizado (unas con más éxito que otras) y reveló que, en realidad, Inés y la alegría fue concebida como guión de cine. “Luego fue novela y luego volví a reescribir el guión. En el proceso me he dado cuenta de la carnicería que es escribir un guión, el tajo que hay que dar. Me ha costado hacerlo a mí, que soy la escritora… así que no quiero ni pensar en los que adaptan mis novelas para convertirlas en guiones de cine”. Crítica y sin pelos en la lengua, Almudena ya adelantó que Inés y la alegría no será llevada a la gran pantalla (al menos de momento) porque para que así fuera “haría falta que en este país hubiera cine”.
   La referencia a Inés y la alegría dio pie a que la autora explicara el porqué de la saga, de estos Episodios de una Guerra Interminable en los que se ha embarcado actualmente: “mis libros tienen una razón literaria y un impulso moral. En este caso, el impuso moral era destapar todo lo que tiene que ver con lo que la Democracia ha tapado. La Democracia ha sido tremendamente injusta con la Resistencia, cuando, si no hubiera existido, no hubiera sido posible una transición pacífica. Este país tiene una enorme deuda con la Resistencia. Pero esto también tiene su cálculo literario egoísta: se ha contado tan poco sobre todo esto, que vivimos sobre una mina de oro literaria, una mina irresistible para una novelista”. Y continuó ofreciendo ejemplos del olvido al que han sido relegados los miembros de la Resistencia contra Franco, la primera que se alzó contra el Fascismo en toda Europa. “Tu vida actual se la debes a esa gente de la que no sabes nada”, señaló. 
   “En 'El lector de Julio Verne', nada es lo que parece porque hay un protagonista que lo domina todo pero que está oculto: el miedo. Y el miedo deforma la realidad”, explicó, sin querer desvelar los giros y vericuetos de la obra. “Hace tiempo que decidí que yo no iba a explicar quiénes son los buenos y quiénes los malos. Lo que me interesan son las historias personales, cómo vivió la gente en un bando y en otro”, apuntó cuando le preguntaron por la herida aún no cicatrizada que la Guerra Civil dejó en la sociedad española. 
   El encuentro con los lectores también dejó lugar para la crítica política. “Somos un país anormal y nunca hemos querido analizar nuestras anormalidades. Hemos vivido la fantasía de una estabilidad falsa”, señaló aludiendo a la actual coyuntura económica. “Muchas de las crisis actuales están pasando por cómo se hizo la transición. La transición, como su nombre indica, tenía que ser transitoria, pero aquí se instaló para quedarse”, criticó. Los recortes culturales, el fracaso de la industria del cine, los cánones a las bibliotecas y la muerte de la cultura también fueron objeto de la mirada crítica de una autora siempre comprometida.
    Un encuentro que dejó el mismo sabor dulce en la boca de los lectores que en el de la propia autora. “El intercambio con los lectores es importantísimo para mí. Los lectores son mi libertad, son lo único que garantiza a un escritor poder seguir escribiendo. Yo escribo para la lectora que soy, procuro leerme con la exigencia con la que leo a los demás. Pero cuando escribo, estoy sola. Un libro es como una isla desierta y los lectores son los habitantes que la colonizan. A partir del momento en el que ve la luz, el libro es suyo, no mío. Y, para mí, es muy importante comprobar que el milagro de la literatura existe y que hay gente que no me conoce y que ha leído lo que he escrito justo como yo quería que lo leyera”, señaló. Y concluyó explicando que los encuentros literarios también contribuyen a desmitificar la figura del escritor: “Los escritores somos gente normal. Escritor y lector formamos parte de la misma comunidad”.  Una comunidad muy unida en el caso de Almudena Grandes y sus seguidores. Una comunidad unida y llena de respeto, admiración y cariño.

1 comentario:

  1. El hecho de que se diga que un escritor o escritora en este caso escriba solo para hombres o para mujeres es un tópico que hay que desterrar. Creo que un buen lector lee, si le gusta, claro, cualquier novela que se le ponga por delante y no tiene en cuenta para nada ese calificativo. Me considero uno de estos. No miro la etiqueta de "esta novela es solo para...". Miro si el libro en cuestión me gusta o no y lo leo y santas pascuas.
    Una buena crónica sobre este encuentro con esta escritora, con la que aún no me estrené. Espero no tardar mucho. Saludos.

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