miércoles, 22 de mayo de 2013

ANNABEL PITCHER, NUBES DE KÉTCHUP





Ficha técnica:

Título: Nubes de kétchup

Autora: Annabel Pitcher

Editorial: Alevosía

Género: novela

Páginas: 280

Publicación: Abril 2013

ISBN: 978-84-15608-39-4

Precio: 16,95 euros



Sinopsis (editorial):

Zoe es una chica inglesa de quince años que oculta un terrible secreto. Llena de angustia pero también con una buena dosis de humor, Zoe comenzará a escribir cartas a un criminal llamado Stuart Harris, encerrado en el corredor de la muerte de una prisión de Texas. Piensa que solo alguien así, marcado al igual que ella por el secreto, la mentira y el asesinato, va a poder comprenderla...

Bolígrafo en mano, Zoe respira profundamente, come un sándwich de mermelada de fresa y comienza su relato de amor y traición...



Mi opinión:

Nubes de kétchup me ha parecido, ante todo, un libro engañoso. Los extractos del libro que adornan la portada ("He hecho algo malo. No solo un poco malo ni siquiera algo muy malo. Lo que he hecho es horrible. ¿Y sabes lo peor? Que nadie se ha enterado"), aun dando a entender mucho de lo que la novela propone, pueden llevar a equívoco, porque hacen pensar en una obra mucho más oscura de lo que realmente es. También me parece engañoso el tratamiento, porque te cautiva con una historia de amor a tres bandas para hablarte de problemas y sentimientos mucho más profundos: de la culpa, de los secretos, del perdón (hacia los demás y hacia uno mismo), de las heridas que no se curan y se acaban gangrenando, de la libertad, del castigo, de la pena de muerte, de la familia, de la rehabilitación del criminal, el acoso escolar, la discapacidad, la obsesión por el trabajo, el paro, la vejez, el amor que crece con los años y cambia junto a sus protagonistas, la pérdida de la frescura de la juventud, el peso de la madurez... Y también me ha parecido engañosa la técnica narrativa: el género epistolar esconde una narración en primera persona sencilla pero que profundiza en esos temas, mostrándolos simplemente o mediante reflexiones de alguien que empieza a entender cómo gira el mundo. Con todo esto quiero decir que me parece que no te puedes dejar llevar por las apariencias y que las nubes de kétchup del título sí, son las que cubren el plato de Dot, la hermana sorda de la protagonista, pero también son una metáfora de la muerte, de la sangre.. y de la vida, de los recuerdos que guardamos, esos que nos mantienen cuerdos aun metidos en la mayor de las locuras.

La historia comienza presentándonos a Zoe (nombre falso), una joven de 15 años que guarda un terrible secreto (o, al menos, ella lo siente como terrible). Tan terrible siente que es que cree que la hermana con Stuart Harris, un hombre que está en el corredor de la muerte y al que dirige las cartas en las que va reconstruyendo su historia. La historia actual y la que tuvo lugar hace unos meses, la que tuvo como resultado ese hecho terrible. Desde el primer momento sabes que Zoe mató a un chico, la intriga de la novela es descubrir a cuál de los dos fue (aunque tampoco es una intriga de morderse las uñas ni de quedarse pegada al libro).

Zoe cuenta su historia personal pero la imbrica en el seno de la familia a la que pertenece. De hecho, en su carta de presentación a Stuart, lo primero que hace es hablar de su familia, de sus hermanas, de su abuela, de sus padres... La trama familiar ocupa buena parte de la novela y, en el fondo, lanza el mismo mensaje que la trama de intriga: reflexiona sobre lo que la culpa puede llegar a hacer al ser humano que la siente y la necesidad del perdón, tanto a los demás como, sobre todo, a uno mismo.

A estas dos tramas se une la amorosa, la de la joven de quince años que vive su primer amor y que se ve envuelta en otra relación, por circunstancias. La autora pone aquí frente a los ojos del lector esa parte de nuestra vida no planificada, la que tiene que ver con el azar, con las casualidades, con las cosas que nos van pasando aunque no las elegimos, con el valor de ponerse de pie frente a la corriente que nos arrastra y tomar nuestro propio camino, por mucho que cueste.

La sencillez del estilo epistolar, los añadidos gráficos (la mancha de mermelada y los dibujos), el modo de narrar sonoro de la protagonista (lleno de onomatopeyas que hacen al lector escuchar la novela, como ese biiiiiiip del corazón de la abuela que se para frente al bip bip del de la hermana recién nacida) dan una impresión de sencillez, casi de novela juvenil, de inocencia, de libertad. Son, ya lo he dicho, como el azúcar en la píldora de Mary Poppins: hacen liviana la carga de los temas profundos que plantea la autora.

No he leído el primer libro de la autora (Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea, ese que ha enamorado a tantos lectores y sobre el que tan bien hablan tanta gente) y quizá eso haya hecho que me haya enfrentado a esta novela sin prejuicios, sin necesidad de establecer comparaciones, sin esperar nada, sin conocer nada de antemano. Y quizá por eso he disfrutado más de la novela de lo que he leído por la blogosfera que han hecho otros lectores que sí conocían a la autora. Es lo malo de las novelas que tienen un éxito tan arrollador, que sientan un precedente que a veces es difícil de superar o que los lectores creen difícil de superar.

A mí sí me ha gustado esta novela, más aún porque creo que tiene dos lecturas posibles (o tres, si me apuras): la mera lectura de una obra sencilla, que habla sobre juventud y errores; la lectura más profunda y metafórica, que saca a la luz la reflexión sobre todos los temas que apuntaba al principio y la lectura poética, llena de pájaros libres y nubes de kétchup. Por eso decía que me parece una novela engañosa: porque te puedes quedar con el sobrecito de kétchup sin abrir o puedes rasgarlo y extraer todo su contenido. Tan agridulce y rojo como la vida misma.

Nos seguimos leyendo.



Agradezco a Alevosía que me haya facilitado este ejemplar.


Lidia Casado

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