miércoles, 8 de mayo de 2013

AMAYA ASCUNCE, EN LA COCINA CON LA DRAMA MAMÁ








Ficha técnica:

Título: En la cocina con la drama mamá

Autora: Amaya Ascunce

Editorial: Planeta

Género: humor

Páginas: 192

Publicación: 30/04/2013

ISBN: 978-84-08-11446-8

PRECIO: 18,50 euros



Sinopsis (editorial):

Un día abrí un blog metiéndome con mi madre —que se llamaba Cómo no ser una drama mamá—; Planeta me publicó un libro, con el mismo título, que resulta que vendió muy bien. Entonces mi editora me propuso hacer un libro de recetas de mi madre. A mí me dio un ataque de risa, me atraganté, y le dije que lo único que teníamos en común una cocina y yo es que las dos existimos en el mundo.
Pero al cabo de unos días empecé a darle vueltas; podía ser un recuerdo maravilloso: que mi madre me enseñara a cocinar de verdad y poder contarlo. Pensé que era una afortunada, porque no sabía si aprendería a freír un huevo, pero tendría un libro para mi madre y para mí solitas. Iba a tener la mejor excusa del mundo para reírnos, y una editorial la iba a encuadernar, le iba a poner tapas, y en la Biblioteca Nacional habría un volumen en cuyas páginas mi madre, la drama mamá, me enseñaría que la cantidad justa de aceite es la clave para que un gazpacho salga rico.
¡Y me iban a pagar por eso! La leche.

Luego las cosas se torcieron un poco…



Mi opinión:


Un puñado generoso de la sabiduría que da tomarse la vida con humor, una pizca de paciencia, una cucharadita de capacidad crítica y toneladas y toneladas de amor. Esta parece ser la receta perfecta para provocar risas a borbotones. O, al menos, eso es lo que me ha pasado a mí mientras leía (devoraba, debería decir) la segunda entrega de esta drama mamá y su hija que ya son un poco como de mi propia familia.

He de confesar que abrí el libro sabiendo qué me iba a encontrar o, mejor dicho, con quiénes me iba a reencontrar... y me moría de ganas de volver a tenerlas entre mis manos. Después de lo que me divertí leyendo la primera entrega y de ir desgranando las nuevas entradas en el blog a medida que se iban publicando, descubrir que había una segunda parte me dio un subidón de alegría y ni me lo pensé. Y no me equivoqué: destapar el libro y oler el familiar aroma que despedía su cocción a fuego lento fue como volver a casa. O mejor, como invitar a dos viejas amigas a cenar una noche a casa para echarnos unas buenas risas. Aunque, esta vez, el plato lo prepararon ellas. ¡Ya me hubiera gustado a mí que me dejaran echarles una mano en la cocina!

Porque de eso, precisamente, va esta segunda entrega. No es una mera recopilación de recetas. Es mucho más: es una lección de cocina. Pero no una lección cualquiera, una con la drama mamá en el papel de maestra cocinera y la Nena, en el de pinche poco afortunada en eventos gastronómicos (hasta la fecha. Y no es que lo suponga yo, es que ella misma lo confiesa en el prólogo -o lo que sea- de la obra. Por cierto, sus aventuras culinarias internacionales no tienen desperdicio, aviso). Así que uno no tiene más que ponerse frente a ellas y dejar que el espectáculo comience: discusiones, consejos, broncas, dudas y humor, sobre todo, mucho humor van salpimentando las medidas, ingredientes y utensilios (Nena, estoy con tu madre: sin utensilios adecuados no hay buena cocinera) necesarios para preparar las 21 recetas que madre e hija prepararon (aunque fuera telefónicamente) para servir en bandeja esta divertidísima obra.

Y no solo eso: Amaya también incluye la narración de la propia historia del libro, de sus idas y venidas, sus dudas y su esfuerzo por sacar cocina y obra adelante. Todo ello regado con una buena ración de anécdotas que, como el buen vino, siempre mejora cualquier reunión y alegra el corazón de los comensales.

Y de postre, la Nena se pone seria (al menos, un poco) para hablar, con inmenso cariño y gratitud del secreto mejor guardado de su guiso familiar: la extraordinaria educación que recibió (y sigue recibiendo, como bien se ve en el libro) de sus padres. Y es que, como le decían cuando era pequeña, "la educación es lo único que te dejaremos en herencia". Ojalá muchos padres lo entendieran así también.

En definitiva, una realmente divertida, con su dosis práctica (las recetas), su pizca de emoción (la que despierta el enorme cariño que se ve entre madre e hija, dramas al margen) y su buen chorrito de ejemplaridad (el que se puede extraer de la forma de educar a sus hijas de los padres de Amaya. Una educación que dio sus frutos. A las pruebas me remito). Una obra totalmente recomendable.

Nos seguimos leyendo.



Agradezco a Planeta que me haya facilitado este ejemplar.





Lidia Casado

Juntando más letras


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